lunes, 15 de febrero de 2010

Lunes al café del desayuno: Gustavo Granados

Apenas iniciaba el año 1991 y yo me encontraba indagando dónde podría acomodar mis huesos. No tardé mucho en conocer quién era el director del Canal 6 en ese momento -un tal Gustavo Granados-. Hice valor y fui a hacer cita con él. En ese mismo momento me recibió en las oficinas de aquel viejo edificio que luego se volvería mi casa, literalmente.

-A sus órdenes, joven-, me dijo sin siquiera levantar la vista de su montaña de papeles.

-Busco trabajo, señor Granados-, dije trémulo.

-Uh... pues está difícil. No hay trabajo-, me soltó a bocajarro.

-Bueno, gracias-, respondí apesadumbrado. Apenas me levantaba de la silla cuando me dijo -Achis... ¿Así nomás...? No la friegue, joven. Así no va a llegar muy lejos. Usted debe insistir una y otra vez hasta que consiga lo que busca. No sea mamarracho. A ver ¿a qué vino?.

Todavía atontado por lo que me había dicho, respondí -a que me dé trabajo-.

-¡Ándele, chingao!, a ver, venga para acá.

Gustavo Granados me llevó con un malhumorado Jorge Papadimitriou, en ese entonces director de producción, y le dijo que me buscara espacio. Con todo, Jorge me atendió muy bien, y luego de ver mi currículum, me mandó sin más ni más con Matías Lozano Díaz de León, el director de noticias de ese momento, y me incorporaron como asistente de camarógrafo esa misma tarde. Así de simple y sencillo.

Como jefe, Gustavo Granados era inflexible. Cuando le pedí la oportunidad de comenzar con la producción de un programa de radio no sólo me exigió calidad, sino que incluso me ayudó a armar una escaleta para ello. Nos exigía que cuidáramos el equipo como la niña de nuestros ojos, y siempre buscaba la eficiencia por encima de cualquier cosa, y vaya que lo logró. Con él como director del Canal 6, éste tuvo el más alto rating y penetración en Aguascalientes en su historia. Huelga decir que después de él, el Canal 6 ya nunca volvió a ser lo mismo.

Nuestra amistad fue de esas curiosidades de la vida. Ésas que lo dejan a uno pensando en cómo el caos de la existencia pone en su lugar a cada quien y a cada cuál. Inició cuando un buen día le dije que ya me iba a casar.

-No manche, Milic (contracción absurda que habíamos acuñado en el canal de 'Mi Licenciado') -me dijo-. No me diga que fue un braguetazo.

-No, Milic. Para nada. La quiero mucho y pues me gustaría que me acompañara en mi boda.

-Ah, mire que canijo me salió usted, Milic. En fin, cásese, que cualquier cosa que yo le diga ahora ni me la va a entender. ¿Para cuándo es?

-El 15 de enero (1993, por si se lo preguntaban)

-Ah, ya ni la friega. Voy a andar en México por esos días. No se va a poder.

-Ni hablar, Milic. De cualquier manera considérese invitado.

-Muchas gracias Milic. A ver si ya se le quita lo loco una vez casado.

Me disponía a salir, cuando inusitadamente Gustavo Granados rodeó su descascarado escritorio y me propinó un fortísimo abrazo y luego depositó en el bolsillo de mi chaleco algo que me advirtió no lo sacara hasta estar fuera del canal. Sin entrar en números, era una cantidad de dinero equivalente a tres o cuatro quincenas.

Nunca fuimos de buscarnos frecuentemente para tomar el cafecito, pero siempre que el destino hacía coincidir nuestros caminos nos deteníamos a ejercer por horas el cotilleo político de una manera completamente desgarbada y sin tapujos. Después de muchos años así, me encontré un buen día haciéndole una llamada telefónica para anunciarle que venía a Aguascalientes una franquicia del periódico La Jornada. Se emocionó más que yo.

Comenzó el diario, y desde los primeros días comenzaron a llegar sobres con su tarjeta adherida, cuyo contenido era precisamente un ejemplar del periódico conteniendo una metódica corrección de los garrafales errores de dedo que aparecían en La Jornada Aguascalientes. A mí me encantó el detalle, pero a Jorge Álvarez Máynez no le gustó en un principio. Acomodé las cosas de manera de que hubiese un encuentro entre ambos y el resultado fue que Jorge quedó prendado de la jovialidad de Milic. Se hicieron amigos, supongo yo, y no puedo dejar de pensar que es una de las pocas cosas que me puedo celebrar.

Luego, cuando las cosas se pusieron mal en el periódico, volví a platicar con Milic la situación. Seguí su consejo y tiré la toalla. A la distancia, creo que fue lo correcto, y muchas veces lo conversamos ante el deterioro de el proyecto.

En diciembre del año pasado, le llamé para ver si podíamos tomarnos un cafecito para platicarle otro de mis proyectos, y me dejó de una pieza cuando me anunció que le acababan de diagnosticar cáncer.

-Con esas cosas no se juega, Milic. No es cierto... -dije incrédulo-.

-Pues bueno fuera que fuese broma, Milic, pero pues no, esta vez sí le estoy hablando en serio. No le voy a poder hacer el gusto de disfrutar de mi presencia porque andaré fuera. Pero platíqueme, platíqueme, ¿qué se trae ahora entre manos?

Le relaté la idea, con la cual se volvió a entusiasmar y me propinó, de paso, tremendos consejos disfrazados de regaños.

-Bueno, Milic, ya me están correteando por acá. Debemos salir. Manténgame al tanto de su proyecto, para que luego me invite a la inauguración, que al cabo a usted ya se le hizo costumbre andar inaugurando montones de cosas. Ahí estamos al pendiente. Salúdeme a las gemelas.

Fue la última vez que lo escuché.

Esta mañana en la que propino a este texto los últimos teclazos, me es doloroso tener que volver a borrar el número telefónico de alguien a quien aprecié mucho y que creo me llegó a apreciar. A estas horas de la mañana habrá montones de periódicos que hablarán maravillas de él y sin duda algunos hasta exagerarán.

Gustavo Granados Roldán fue para mí un bonachón irredento, un tipo simplemente genial que adoraba la buena vida y las buenas comidas y que siempre estuvo a la altura de las circunstancias. Voy a extrañar mucho su peculiar manera de decirme Milic, y por supuesto, calará en el corazón no tenerlo presente en la próxima inauguración.

Hasta pronto, Milic.

elreportero.com.mx

1 opiniones:

  • Anónimo says:
    15 de febrero de 2010, 13:11

    Mi más sincero pésame por la perdida de tan buen amigo.
    Un abrazo
    @c_aramis

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