Hoy me he paseado por el centro de la ciudad. Llevaba algo de prisa, pues mi hijo me pedía casi a gritos que mejor nos fuésemos a casa a comer. Con la promesa de una paleta, accedió a regañadientes.

Huy...! Cerca de cuarenta personas me felicitaron por el radioMETRO. Otras veinte me dijeron que sabían de la existencia de ese trasto por comentarios o referencias. Incluso unos cinco se ofrecieron a participar con sus opiniones en este experimento.

La vida me ha enseñado a no sentirme el 'non plus ultra'. Los santos mandarriazos que me he puesto por ególatra me han curtido, y por eso me había mantenido un poco retirado del 'bullicio de la falsa sociedaaaaa...' Hoy que recibí tanta palmadita, que por poco me mareo...

Pero ya en casita, rodeado de mis cuatro chilpayates, me doy cuenta de que lejos, lejísimos me encuentro de ser el "periodista" que aspiro ser. Hasta que pueda yo llegar a la gente. Hasta que sea capaz de relatar la historia, 'esa' historia, no me puedo sentir en las nubecitas (y espero no sentirme nunca). Se agradece el palmeo y regreso el favor con un tímido meneo de cola, pero no me embebo, ni me iré a sentar cómodamente en los silloncitos de las áreas de prensa de Gobierno. Las historias están acá a fuera, diametralmente lejos de esos personajes que me dijeron "felicidades, Zapata"...

Hay, nanita... hay santa Virgen de los ateos... hay santo niño de los cínicos... hay fray Incrédulo... hay arcángel ojón... protéjanme de la lisonja.
Axact

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