A mis dos lectores que me quedan, les pido una disculpa por no haber actualizado este Blog... La pancita, la cabecita y otras fregaderas se me están descomponiendo. Si no era un dolor de cabeza, era un malestar; si no era una amibiasis, era algo que me tragaba y hacía estropicios deleznables en mi organismo. Ya sé que son pretextos, pero me gusta echarle la culpa de mi huevonez a cosas ajenas a mi...

Otros pretextos me tienen absorto también: la resurreción de METRO Aguascalientes al tercer intento según las escrituras (saldrá otra vez a las calles a mediados de octubre); la diaria confección de radioMETRO (la primera estación de radio digital en el centro del país, según las pinturas rupestres encontradas en la alacena de mi casa).

Y ahora que me enfrento al deterioro de mi cuerpo, y ahora que salgo a las calles con precaución, veo a mi pobre ciudad de Aguascalientes, mi odiada ciudad de Aguascalientes.

Bueno no... no es que aborrezca a Aguascalientes, pero desde que se cobija bajo los auspicios de la incapacidad panista la encuentro más lejana. Triste cosa en esta ciudad que de por sí se aleja sola, que nos está abandonando siempre. Ama cualquier cosa en ella y al día siguiente se la llevó la tolvanera madre. ¿Amabas tal rincón, tal barrio? Míralo ahora: ladrillos rotos, vulcanizadora, una combi llena de tripas, un Oxxo, un Extra, un comité panista. La ciudad se atarea en dos conductas: dejarnos y no dejarse. Lo único que realmente nos pertenece de ella es su perenne, tenaz desaparición.

Di un pequeño paseillo por el Jardín de San Marcos, y primero pensé que la memoria también me dolía, pero no. Ese jardín ya es otro, no es aquel en donde el verdor vivía, ahora es el terreno en donde sus verandas descarapeladas se colgaban los suicidas, frutos negros en las bugambilias secas. En las pútridas aguas de su fuente, haciendo las delicias de los borrachines que en ella se orinan, el cardumen retozón de los condones. Y en el lago de lodo que dejan los empleados municipales, flotando silenciosa, la deslizante parvada de los tetrapacks. Y aquí y allá, entre los arbustos, lejos de los faroles inservibles, cuidándose del cuidador (que a su vez se cuida de la policía), diciéndose cositas, la pareja encendida del violador y la víctima.

Pobre Aguascalientes. Pobre de mi, que ya no le encuentro a Aguascalientes lo que era antes.

Como sea, le seguiré tundiendo a este blog más frecuentemente, aunque sea por necedad.
Axact

Axact

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