Me duele la cabeza.

Estoy encabronado porque no me pagaron una lana de publicidad (mañana, mañana, mañana).

Por andar de 'cobrón', no pude reportear.

El sitio www.todoaguascalientes.com se me acaba de caer por andar poniendo una lista brutal de canciones que agotaron el ancho de banda.

Tengo hambre.

Quiero seguir escribiendo mi libro, pero ya van dos semanas que no he podido abordarlo por andar metido en tanto desgraciado relajo.

Mi pariente ya no me pela. Ya no me escribe. Ya no me ve. Ya no se conecta.

Me duele la garganta, y nomás de pensar que tengo que hablar casi 20 minutos para grabar el programa de radio me pone al borde del desmayo.

Ya van tres veces que el jodido módem se queda "trabado", lo que me ha puesto a repetir igual número de veces mis envíos masivos.

No he tomado café decente últimamente (salvo el del Excélsior el sábado).

Y a punto de pensar que el trajín se torna gris, recuerdo... amarillo, amarillo... El otoño gris y amarillo, todos los talantes de amarillo. En las hojas de los árboles o en el tapiz del suelo, o volando entre uno y otro, como notas musicales amarillas. El árbol en otoño desanda su trazo, se despinta del verde al amarillo y de la abundancia a la carencia. Pero siempre hay una con miedo a volar, una última hoja, una última hoja retobona que no se suelta, se aferra y no se suelta.

Y nomás por esa imagen efímera, me voy a poner a trabajar...
Axact

Axact

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