Otra prueba de que ya estoy viejo: sin pensarlo dos veces, decidí tomar tijera y rastrillo y quitarme todo el estorboso pelo de mi cráneo. Resultado: estoy otra vez más mondo y lirondo que una rodilla.

No he querido tomarme un foto y colocarla acá, pues no quiero ahuyentar a mis dos lectores.

Ahhh...! Pero eso sí, voy a disfrutar el no tener que peinarme (o escuchar a mi esposa decir: no te peinaste)... Caray... deberíamos haber nacido sin pelo.

Lejísimos quedan aquellos tiempos en los que defendía a capa y espada una monstruosa cabellera (los lejanísimos 80's) que evidentemente sólo para mí era envidiable.

Ni hablar: la edad es canija...
Axact

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