Ante la barahúnda de noticias relacionadas con el narcotráfico, es fácil perderse en las cifras y las estadísticas que, muy a modo, oficinas de seguridad pública dan a conocer como parte de los 'resultados' de la llamada "Guerra contra el narcotráfico".

Sin embargo, dentro del cuerpo informativo de tanta información, poco, o simplemente nada, se da a conocer la silenciosa transformación de la percepción ciudadana sobre el tema. Incluso en no pocas ocasiones los propios medios de comunicación asumen, erróneamente, que los ciudadanos comparten su línea editorial de apoyo irrestricto a las acciones gubernamentales en contra del tráfico de drogas ilegales, cuando la realidad comienza a ser muy distinta en las calles.

En el caso de la ciudad de Aguascalientes, en el centro de México, la ceguera gubernamental ha contagiado, por conveniencia o por indolencia, las planas y los espacios de los medios electrónicos, sin que ninguno se haga un plenteamiento cuyo resultado puede resultar aterrador: ¿estará acaso de acuerdo la ciudadanía con el combate al narcotráfico?.

Desde el año 2003, cuando los primeros asesinatos de policías revelaron que la plaza del centro del país estaba plenamente tomada por los señores del narcotráfico, los primeros en lanzar alaridos de alerta fueron precisamente los medios de comunicación. Sin embargo, nunca ninguno se dio a la tarea de analizar los porqués del arribo del crimen organizado a esta zona que parecía -hasta antes de esa fecha- una zona de "descanso" para las familias de los capos de la droga.

Hasta la fecha, se han acumulado 36 asesinatos de mandos policiacos, aparte de ya innumerables ajustes de cuentas entre grupos de narcotraficantes en Aguascalientes, y sistemáticamente, los medios han dado cuenta de estos hechos como simples inserciones noticiosas que repiten de manera sistemática los contenidos de los comunicados oficiales. No existe la investigación, ni el seguimiento ni la investigación periodística para informar a los ciudadanos.

Riesgoso sería endilgar las culpas a la poca capacidad de análisis y respuesta de los medios locales como parte del problema social que poco a poco se gesta en Aguascalientes. Pero también es claro que los medios han fracasado en llevar a la conciencia colectiva la gravedad del problema del tráfico de drogas ilegales.

La punta del iceberg pude notarla en una reciente investigación que llevé a cabo en la zona sur-oriente de la ciudad, énclave de los grupos de distribuidores de droga en la zona urbana. Allí pude darme cuenta de que numerosas familias -mujeres y niños incluídos- participan activamente en el negocio. Las mujeres llevan a cabo labores de cobranza y los niños labores de vigilancia en las calles aledañas a los centros de distribución. Para esto último los teléfonos celulares resultan una herramienta eficaz no sólo de supervisión, sino incluso como 'gancho' para el reclutamiento, por lo que no es difícil ver a infantes con iPhones apostados en las esquinas e informando a sus patrones sobre los movimientos de las corporaciones policiacas en su territorio.
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Sin embargo, lo más preocupante fueron las afirmaciones de amas de casa que me dijeron que ellas no permitirían que la autoridad modificara su sistema de ingresos. "No tengo otra manera de mantener a mi familia. El gobierno nos quiere quitar la única manera en la que podemos vivir decentemente", me aseguró una mujer, al tiempo que otras de sus "amigas" asentían con la cabeza tal afirmación.

Entrevisté a cerca de 30 mujeres antes de que alguien me advirtiera que estaba siendo observado por "El Cacho", uno de los cabecillas de un grupo distribuidor de drogas, por lo que opté por retomar la investigación documental. Sin embargo, resultó inquietante saber que todas y cada una de las mujeres tenía la convicción de que el gobierno estaba intentando "quitarles" su medio de supervivencia. Más inquietante fue conocer sus respuestas ante la pregunta de que si tenían la certeza de que estaban distribuyendo sustancias ilícitas: "Yo no dejo que mis hijos se metan esas cosas, pero si otros se quieren joder, pues allá ellos", fue la réplica de la mayoría.

Lamentablemente, cuando le mostré al director del medio en el que trabajaba los resultados de mis pesquisas, éste de inmediato me dijo que dejara la investigación a un lado, aduciendo que "el periódico no necesita ahora meter información que haga que el gobierno del estado se moleste con nosotros".

Es claro que los medios de comunicación han fracasado rotundamente en la cobertura de las actividades del narcotráfico. Se han limitado a realizar agregados informativos de los boletines de las dependencias de seguridad pública y a la fotografía de los hechos de sangre, y han desdeñado por completo la investigación, tanto de las razones y las implicaciones. Poco a poco, la indolencia mediática ha creado un vacío que la propia sociedad se ha encargado de llenar con complacencia y apatía, y en ese hueco también a comenzado a entrar la aquiescencia y consentimiento ciudadano de estas actividades como un agregado más en las actividades económicas disponibles para la superviviencia.

Ante un gobierno incapaz de ofrecer respuestas, y una sociedad cada vez más inmunizada ante los inocuos alaridos de los medios, los ciudadanos abrazan poco a poco la participación en el generoso esquema del crimen organizado como medio de financiamento de su vida y la de los suyos, y eso, sin lugar a dudas, es la noticia más importante del 2009 y que nadie, o casi nadie, ha dado cuenta.
Axact

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