Indubitablmente cierto: hay veces que uno se puede volver en un auténtico dolor de cabeza para el jefe. Y las organizaciones noticiosas parecen ser imanes para atraer quejumbrosos, retadores, poco cooperativos y malhumorados. Un jefe o un director que no esté dispuesto y capacitado para enfrentar con eficiencia a estos individuos es mejor que se busque otro trabajo.

Una vez, un director de un medio para el que yo trabajaba me anunció que iba a despedir a uno de los integrantes de la redacción, y al preguntarle el motivo, me contestó ramplonamente que era "por ser tan negativo en la redacción".

Claro es que este director es el problema, no el malhumorado empleado. Un poco de sentido común y capacidad de raciocinio era lo que se necesitaba para lidiar con el Grinch en turno.
En realidad, a lo que se enfrentaba ese director era a un pesimista, y el Diccionario de la Real Academia de la lengua lo define bastante bien:
  1. adj. Que propende a ver y juzgar las cosas por el lado más desfavorable.
  2. adj. Que profesa el pesimismo.
El verdadero problema de los directivos en los medios de comunicación es que intentan que los pesimistas cambien su actitud, y definitivamente se equivocan de estrategia. Un líder eficiente debe conocer no sólo cómo los grinches desenvuelven su pesadumbre en las organizaciones noticiosas, sino también no permitir que ese malhumor permee su propio ánimo. El contagio del cascarrabias no viene de él mismo, sino de lo que se deje influir el jefe en turno por él.

Directores, jefes de información, jefes de redacción y de secciones inevitablemente se enfrentan a esto más temprano que tarde, y por supuesto deben entrenarse para
  • Identificar los comportamientos que impactan en el equipo de noticias
  • Identificar los comportamientos que pueden identificarse objetivamente
  • Identificar los comportamientos que pueden ser medidos objetivamente
  • Entender que no se puede pedir a nadie en la redacción que cambie su manera de pensar, sólo su comportamiento.
El comportamiento negativo afecta al equipo sólo cuando los jefes se dejan influenciar por él, y cuando ésto sucede se pierde el control de los involucrados en la redacción. Es claro que esto se aprende en el camino -y a veces demasiado tarde-, pero también demanda sentido común e inteligencia.

Hay un libro muy bueno que se llama "The No Asshole Rule" del profesor Robert Sutton, y en él hay lo que él llama dos reglas de oro para identificar el verdadero problema con los integrantes de un equipo, como inicio indispensable para evitar el desmembramiento del grupo:
  • ¿El elemento problemático se siente realmente mal sobre sí mismo o tiene dificultad para interactuar con la gente?
  • ¿El elemento problemático usa ese comportamiento como reivindicación personal?
El proceso para ubicar las diferencias de este mismo comportamiento requiere de una habilidad indispensable en los directivos de un medio de comunicación, y es no evitar las conversaciones difíciles y aprender a manejarlas correctamente. Por supuesto, otro punto clave es que también desde un principio, se debe dejar claro que si estas conversaciones comienzan a decantarse por el lado de la negatividad, éstas tendrán consecuencias. No establecer el límite en estos intercambios es el principio de los problemas.

Esto tampoco quiere decir que los directivos deban ignorar los sentimientos y las creencias que conducen a los empleados a mantenerse en el pesimismo perpetuo. De hecho, los verdaderos jefes son duros al momentos de confrontar las malas actitudes y sus consecuencias destructivas, pero sensitivos y razonables al investigar lo que motiva y dispara estos comportamientos.

Comprender lo que impulsa a los 'grinchs' siempre lleva a los directivos a entender que parte importante del problema son ellos mismos, agraviando involuntariamente al personal o no identificando conversaciones triviales de aquellas que son relevantes para el flujo de trabajo de una redacción de noticias. Los pesimistas nos así porque identifican algunas actitudes como una suerte de rechazo o descrédito. El simple acto de escucharles puede no sólo prevenir estos comportamientos negativos, sino provocar que esas energías se inviertan en apoyo del equipo, y no al revés.

En teoría, al momento de la contratación y al principio del trabajo, los jefes son capaces de identificar a los malhumorados, lo que les brinda la oportunidad de lidiar con esas personalidades e instruir al equipo para que   centren sus esfuerzos en la mejora del medio, y no en perder energías en predisponerse a los comentarios negativos que -por supuesto- deberán ser detenidos a tiempo.

Curiosamente, es frecuente que en las organizaciones noticiosas se den los peores problemas de falta de comunicación, sobre todo cuando la dirección desconoce cómo lidiar con las distintas personalidades que se conjuntan en un diario, en una estación de radio o de TV o hasta en una página web. Conocerlas, enfrentarlas y saber convertirlas en oportunidades es el secreto para crear un mejor medio de comunicación.
Axact

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